Hace dos semanas recibí un regalo, algo que pedía siempre, no es algo tangible pero si muy valioso, recibí tiempo.
Con tiempo he podido ver a amigos que no veía hace tiempo, escuchar lo que inquieta su corazón, darles palabras de aliento y si me lo permiten, un consejo.
Cuando alguien me cuenta su problema, presto mucha atención. Es indudable que reflejamos en el exterior lo que hay dentro de nosotros, por eso aquello que me cuentan me está mostrando algo que debo trabajar en mi ¿Qué complicado no?
Me costó mucho comprender esto, “No puede ser que todo lo que me digan tenga que ver conmigo”. Pues sí. El ego no me lo dejaba ver.
A pesar de todos los pensamientos limitantes que puedo tener y lo mucho que tengo que trabajar en mí, siento que las personas agradecen que los escuche, sienten que son importantes para otro. Es lógico, todos necesitamos ser escuchados, comprendidos, no juzgados.
No encuentro lógico que alguien juzgue el accionar del otro. En su situación quizás hubiésemos hecho lo mismo.
No me gusta decirle a las personas lo que tienen que hacer, en lugar de eso le hago ver la situación desde fuera, para que reflexionen. Es allí donde los puedes conducir hacia una posible solución pero solo depende de ellos mismos.
El momento de despertar es diferente en cada quien, no importa cuando llegue, lo seguro es que llegará.
Todas estas experiencias me han empujado a hacer lo que desde hace tiempo deseaba en silencio: prepararme para ayudar a las personas a seguir el camino del despertar de conciencia.
No es un camino fácil y cada quien tiene que experimentar sus propias vivencias, todos tenemos problemas y traumas diferentes, pero el dolor es el mismo.
Para lograr esto debo prepararme y Dios me ha dado las herramientas para hacerlo realidad este año.
Hoy en día sé quién soy y que quiero hacer. Esta seguridad trae consigo paz interior, eso es lo que se necesita para perder el miedo a todo.
Compartiré mi proceso por este medio y si puedo ayudar a alguien con mis experiencias habré cumplido con mi propósito de vida.

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