domingo, 4 de marzo de 2018

Mientras me duchaba, estuve presente


Hoy como todas las mañanas tome un baño al despertar y esta vez estuve presente.
Tomé una ducha estando presente, sintiendo el agua caer sobre mi piel, sintiendo que mis poros se abrían por el agua caliente y se cerraban por el agra fría. Al jabonarme fui consciente que mi cuerpo estaba eliminando células para dar paso a las nuevas.
Usualmente mientras el agua cae sobre nuestras cabezas estamos pensando en lo que vamos a hacer después de bañarnos o recordando lo que nos dijo ese irritante compañero de trabajo. Nos perdemos el momento. Quise empezar a tomar conciencia en la ducha porque allí estamos solos sin interrupciones pudiendo elegir que pensar. En la calle te puedes encontrar con más distracciones aunque sigue siendo posible que admires los detalles del día.

Nuestro cuerpo nos regala sensaciones invalorables. Mariposas en el estómago al enamorarnos por primera vez, un corazón galopante al encontrarnos con el ser amado, hinchazón de pecho de orgullo por nuestros hijos, suavidad en nuestras palmas cuando acariciamos a nuestra mascota, calorcito y suavidad cuando damos un beso a nuestros bebés. Sin nuestro cuerpo no podríamos sentir el placer de cada una de estas experiencias.

Empecemos a darle valor a nuestro cuerpo al que maltratamos con acciones como trasnocharnos, no alimentándonos, no yendo al baño cuando la vejiga lo implora o con palabras recordándonos las imperfecciones que queremos que desaparezcan con dieta o cirugía.

Nuestro cuerpo es el vehículo que nos acompañará en esta vida, es el que elegimos por algún motivo que aún no recordamos. Si es alto y delgado, gordito y chiquito, delgado con panza, chiquito y delgado, cualquiera que sea servirá para alcanzar los propósitos que nos trazamos para esta vida.

Estar presente al momento de bañarnos puede ser el primer paso, inténtalo, saldrás feliz como si hubieras recibido el mejor masaje del mundo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario