Hoy como todas las mañanas tome
un baño al despertar y esta vez estuve presente.
Tomé una ducha estando presente,
sintiendo el agua caer sobre mi piel, sintiendo que mis poros se abrían por el
agua caliente y se cerraban por el agra fría. Al jabonarme fui consciente que mi
cuerpo estaba eliminando células para dar paso a las nuevas.
Usualmente mientras el agua cae
sobre nuestras cabezas estamos pensando en lo que vamos a hacer después de
bañarnos o recordando lo que nos dijo ese irritante compañero de trabajo. Nos
perdemos el momento. Quise empezar a tomar conciencia en la ducha porque allí estamos
solos sin interrupciones pudiendo elegir que pensar. En la calle te puedes
encontrar con más distracciones aunque sigue siendo posible que admires los
detalles del día.
Nuestro cuerpo nos regala
sensaciones invalorables. Mariposas en el estómago al enamorarnos por primera
vez, un corazón galopante al encontrarnos con el ser amado, hinchazón de pecho
de orgullo por nuestros hijos, suavidad en nuestras palmas cuando acariciamos a
nuestra mascota, calorcito y suavidad cuando damos un beso a nuestros bebés. Sin
nuestro cuerpo no podríamos sentir el placer de cada una de estas experiencias.
Empecemos a darle valor a nuestro
cuerpo al que maltratamos con acciones como trasnocharnos, no alimentándonos,
no yendo al baño cuando la vejiga lo implora o con palabras recordándonos las
imperfecciones que queremos que desaparezcan con dieta o cirugía.
Nuestro cuerpo es el vehículo que
nos acompañará en esta vida, es el que elegimos por algún motivo que aún no
recordamos. Si es alto y delgado, gordito y chiquito, delgado con panza,
chiquito y delgado, cualquiera que sea servirá para alcanzar los propósitos que
nos trazamos para esta vida.
Estar presente al momento de
bañarnos puede ser el primer paso, inténtalo, saldrás feliz como si hubieras
recibido el mejor masaje del mundo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario