En ocasiones nos hemos visto
envueltos en situaciones difíciles que nos hacen perder la fe, momentos duros
que fácilmente podrían hacer flaquear a cualquiera y hacer que pierdas la
esperanza.
Suele ocurrir que incluso preguntamos
a Dios ¿Por qué está pasando esto? ¿Para qué me servirá esto?
Dios nunca permitirá que nos
ahoguemos en las dificultades. Todo sucede por nuestro mayor bien, mejores
cosas están por suceder pero para vivirlas debemos estar preparados.
Las dificultades te hacen ver las
cosas en diferente perspectiva, te baja al llano, te hacen ser empático y dejar
de juzgar, te hacen más humilde de corazón. Nos toca pasar por todo esto para
dominar al ego, transformarlo para que sea nuestro aliado.
Creo que mi ego ha estado muy
inflado y Dios me está dando la oportunidad de convertirlo, no de desaparecerlo
porque a lo que te resistes, persiste. Yo no deseo que el ego me
gobierne, quiero tomar el mando y solo usarlo cuando mi supervivencia esté en
riesgo.
En otros momentos de mi vida he
pasado por dificultades de mediana envergadura y las soluciones traían días de tranquilidad
moderada.
Hoy siento que al pasar problemas
bastante más complejos a los que he tenido antes, los días que llegarán después
serán de una paz increíble. No crean que siempre me mantengo positiva, llegan
momentos en que mi confianza decae pero luego de llorar me viene un sentimiento
de paz que no me permite seguir triste.
Con esto quiero decir que cuando
sintamos ganas de llorar, de caer de rodillas, hagámoslo. No reprimamos
nuestros sentimientos, el asunto es entre Dios y nosotros, no dejemos que nadie
más intervenga. Muchas veces por el temor al qué dirán preferimos aparentar que
estamos bien pero eso es dejar que gobierne el ego y al final nos hace más
daño.
Sé que cuesta dejar de pensar en
el que dirán pero si nos formamos el hábito de dejar de oír afuera, llegará un
momento, quizás en meses o años, que dejaremos de escuchar la bulla de afuera,
incluso si están gritando nuestro ser ya no escuchará, porque nuestro interior
hablará más alto.
¿No te ha pasado que cuando
piensas que el castillo está por derrumbarse pasó algo chiquito que salva la
situación? esa es una señal de Dios que te dice “Aquí Estoy, no te desesperes”.
A veces me doy cuenta rápidamente y salto de alegría, pero otras estoy tan
metida en el ego que me digo: Esto no solucionará mi mayor problema. Este
último pensamiento es la peor zancadilla que nos ponemos a nosotros mismos. Yo
lo sé pero aun así lo pienso, ¿Por qué? Porque soy una humana programada para
eso, porque estoy tan acostumbrada a pensar así que pienso que es normal,
porque mi zona de confort siempre había sido pensar mal.
A pesar de todo me perdono por
pensar así, algún día dejaré esos pensamientos, no es fácil sacarlos de mi
mente, se escapan, no se dejan atrapar, son escurridizos, sienten que serán
desalojados y por eso están atrincherados y como siempre ando ocupada con el
trabajo, con la familia etc. dejo de lado la tarea de atraparlos. En realidad
es el miedo a enfrentarme a ellos, me han identificado por años y prácticamente
es enfrentarme a mí misma.
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