sábado, 16 de septiembre de 2017

Todo ocurre para mi mayor bien

En ocasiones nos hemos visto envueltos en situaciones difíciles que nos hacen perder la fe, momentos duros que fácilmente podrían hacer flaquear a cualquiera y hacer que pierdas la esperanza.

Suele ocurrir que incluso preguntamos a Dios ¿Por qué está pasando esto? ¿Para qué me servirá esto?
Dios nunca permitirá que nos ahoguemos en las dificultades. Todo sucede por nuestro mayor bien, mejores cosas están por suceder pero para vivirlas debemos estar preparados.

Las dificultades te hacen ver las cosas en diferente perspectiva, te baja al llano, te hacen ser empático y dejar de juzgar, te hacen más humilde de corazón. Nos toca pasar por todo esto para dominar al ego, transformarlo para que sea nuestro aliado.

Creo que mi ego ha estado muy inflado y Dios me está dando la oportunidad de convertirlo, no de desaparecerlo porque a lo que te resistes, persiste. Yo no deseo que el ego me gobierne, quiero tomar el mando y solo usarlo cuando mi supervivencia esté en riesgo.

En otros momentos de mi vida he pasado por dificultades de mediana envergadura y las soluciones traían días de tranquilidad moderada.

Hoy siento que al pasar problemas bastante más complejos a los que he tenido antes, los días que llegarán después serán de una paz increíble. No crean que siempre me mantengo positiva, llegan momentos en que mi confianza decae pero luego de llorar me viene un sentimiento de paz que no me permite seguir triste.

Con esto quiero decir que cuando sintamos ganas de llorar, de caer de rodillas, hagámoslo. No reprimamos nuestros sentimientos, el asunto es entre Dios y nosotros, no dejemos que nadie más intervenga. Muchas veces por el temor al qué dirán preferimos aparentar que estamos bien pero eso es dejar que gobierne el ego y al final nos hace más daño.

Sé que cuesta dejar de pensar en el que dirán pero si nos formamos el hábito de dejar de oír afuera, llegará un momento, quizás en meses o años, que dejaremos de escuchar la bulla de afuera, incluso si están gritando nuestro ser ya no escuchará, porque nuestro interior hablará más alto.

¿No te ha pasado que cuando piensas que el castillo está por derrumbarse pasó algo chiquito que salva la situación? esa es una señal de Dios que te dice “Aquí Estoy, no te desesperes”. A veces me doy cuenta rápidamente y salto de alegría, pero otras estoy tan metida en el ego que me digo: Esto no solucionará mi mayor problema. Este último pensamiento es la peor zancadilla que nos ponemos a nosotros mismos. Yo lo sé pero aun así lo pienso, ¿Por qué? Porque soy una humana programada para eso, porque estoy tan acostumbrada a pensar así que pienso que es normal, porque mi zona de confort siempre había sido pensar mal.

A pesar de todo me perdono por pensar así, algún día dejaré esos pensamientos, no es fácil sacarlos de mi mente, se escapan, no se dejan atrapar, son escurridizos, sienten que serán desalojados y por eso están atrincherados y como siempre ando ocupada con el trabajo, con la familia etc. dejo de lado la tarea de atraparlos. En realidad es el miedo a enfrentarme a ellos, me han identificado por años y prácticamente es enfrentarme a mí misma. 

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