miércoles, 13 de junio de 2018

ME CONFIESO


Recuerdo que cuando tenía 9 años me dijeron que debía confesar mis pecados ante un sacerdote porque iba a recibir la primera comunión. Mientras pensaba ¿Qué pecados podría tener yo con 9 años? me empezaba a entrar la angustia por no tener nada que decirle al padrecito.
Así que comencé a listar una serie de tonterías que se me ocurrieron, hoy me da risa, pero en ese tiempo me sentía la pecadora más pecadora. Lo curioso era que antes de ponerme a listar yo no sentía que había cometido pecado alguno.
Ahora entiendo que pensar nos trae más problemas que satisfacciones.
Que mundo tan raro este que hace creer a los niños que están mal, que son pecadores, que son culpables y solo hasta que prueben la hostia serán salvos, pero solo por unos días, porque si no asistes a misa el domingo siguiente no eres merecedor de tan grande honor.

La culpabilidad de no confesarme me duró hasta los 15 años, cuando comprendí lo inútil que era. Algo dentro me decía que no era necesario, no estaba equivocada. Cuando estaba por recibir el sacramento de la Confirmación, asistí a un retiro espiritual y una de las cosas que nos encomendaron fue pasear por todo el hermoso lugar y leer un pasaje de la biblia para reflexionar. El lugar era tan verde y de abundante vegetación que me sentía dichosa, tan dichosa que no sentí necesidad de leer nada, cerré los ojos y sin saberlo, por primera vez medité. Fue una sensación hermosa, una sensación desconocida que no había sentido al confesarme, ni al ir a misa ni a nada que tenga que ver con la religión.

El tener a toda una sociedad sometida por el miedo es provechoso para quienes someten, porque pueden conseguir lo que sea de ti, “has sentir culpable al otro y verás como hace todo lo que le digas”. ¿Acaso no nos hemos comportado así por años? Creyendo no ser merecedores del cielo por ser pecadores y cada vez que en la misa nos decían que nos golpeemos el pecho diciendo: “por mi culpa” poníamos cara de compungidos porque ¡claro que creíamos que teníamos culpa!

Cuando dejas de sentirla, te liberas, si lo haces desde el amor tendrás paz, si lo haces desde otro sentimiento todavía encontrarás gente que te diga que eres un caradura, pero serás tú mismo recordándote que no lo estás haciendo desde el amor. 

Con el tiempo te darás cuenta que solo importa lo que tú opines de ti mismo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario