Escuché a Alejandro Jodorowsky decir que somos parecidos a un Bonsai, aquel arbolito enano al que tienes que podar para que no crezca y se mantenga dentro del estándar del Bonsai.
Ante esta afirmación reflexionó:
"A nosotros nos podan
desde pequeños, nos ponen límites emocionales, sexuales, creativos, etc. Nos
llenan de ideas heredadas de nuestros ancestros y ¡ay! de ti si pintas fuera de
la raya"
Siento como si tácitamente existiera una hoja de
instrucciones de la vida
- Si haces esto, sucederá esto
- Si no haces esto, puedes darte por perdida.
Démonos el permiso de hacer lo
que queramos, de Ser lo que
queramos.
Al final de nuestros días, cuando
estemos en nuestro lecho de muerte ¿Qué nos vamos a preguntar? ¿Cuánto dinero
hice? ¿Cuántas propiedades dejé? O nos preguntaremos ¿Cumplí el propósito de mi
vida? ¿Fui feliz mientras recorrí el camino? ¿A cuántas personas alegré con mi
sonrisa?
Por lo pronto ya sé que decir en
mi lecho de muerte: “Me voy despierta, hice lo que me placía, dije lo que
sentía sin sentirme culpable, pude ver el verdadero rostro de las personas, ese
rostro que se esconde detrás de su máscara de señor importante, de persona con
un trabajo serio. Fui feliz”
Por favor no tomen esto como una
despedida (normalmente mi familia se ofusca cuando hablo de la muerte), piensen
en esto cuando tengan un problema que parezca insalvable, que los agobie. El
pensar que todo acabará, que al final ese problema no tendrá importancia, hace
que la carga se aligere.
Finalmente, si tienen niños
pequeños no los traten como Bonsai, déjenlos crecer, no limiten sus raíces, su
crecimiento espiritual y creativo. No porque sean el futuro del país y esas
cosas, sino porque estaremos cambiando el destino de nuestra descendencia.

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