Yo: Hola
Miedo: ¿Me hablas a mí? – Incrédula
Yo: Si a ti, Sé que nunca te he querido mirar, ni siquiera sabía que
podía hacerlo.
Miedo: ¿Qué quieres? Es mejor que no me mires, me siento incómoda.
Yo: Cuando te miro no puedes entrar a mi corazón ni invadir mi
cuerpo.
Miedo: … (cara de fastidio)
Yo: No te odio, desde pequeña me enseñaron a estar contigo a
tenerte presente en todo, pero me has limitado, no has permitido que haga cosas
que quería, me paralizabas, eso haces con todos, los paralizas.
Miedo: Solo los protejo, te protejo.
Yo: Pero luego me siento mal por haberte permitido entrar…
Miedo: pero te salvé en ese momento.
Yo: Gracias, durante el tiempo que me has gobernado y no era consciente
de ti, si sentía que me protegías, pero ahora ya no quiero sentirte dentro de mí.
Miedo: Eso es lo que dices ahora, pero frente al primer problema me
evocarás y yo siempre estaré para ti.
Yo: Gracias pero no compro. A veces me olvido de mirarte y te dejo
entrar y cuando ya estás dentro recién me acuerdo de ti
Miedo: Soy incondicional, no me tienes que llamar, yo iré sola.
Yo: Han sido años de esta relación tóxica y ya no quiero. No soy
yo, eres tú. Hemos terminado. Con esto no quiero decir que te odio, no cabe ese
sentimiento en mi (ahora recuerdo que nunca he sentido intensamente ese sentimiento,
incluso pensaba que era una debilidad pero ahora sé que es una virtud) pero te
puedes quedar a mi lado, no dentro, sino al costado, como los personajes que
John Nash mantenía al margen, sin hablarles, en la película Una Mente
Maravillosa.
Miedo: Tienes una mirada muy fuerte, no soporto tu mirada.
Yo: Me he dado cuenta que cuando te observo hago que te paralices
como tú lo hacías conmigo.
Miedo: ¿No te das cuenta que hay cosas que no puedes hacer? Solo te
aviso para que estés preparada.
Yo: Te hubiera creído antes, hoy no me convencen tus discursos.
Solo haces que pierda la confianza en mí, no quieres que me gobierne sola, pero
sabes que ahora voltearé a observarte y no te dejaré tomar el control. Lo haré
toda la vida ya que esta es la experiencia humana que he venido a vivir.
Miedo: ¿No te vas a arrepentir?
Yo: De lo único que me puedo arrepentir es de no haberte puesto en
tu lugar antes, aunque tampoco me arrepiento, porque yo decidí pasar todo lo
que he vivido hasta ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario