Hoy le puse por nombre Manchita.
Manchita siempre ha estado allí,
allí dentro. Pensaba que era como mi brazo, mi pierna, mi hígado, en fin, parte
de mí.
Cuando supe que no era así, la
empecé a imaginar como un bloque de masa.
Ahora tiene vida, se intimida
cuando la observo. Nunca nadie la ha mirado por eso no soporta ser el centro de
atención.
He empezado a conversar con ella,
por eso tuve que nombrarla, no la podía llamar “masa” no se lo merecía.
Hoy mientras caminaba de regreso
a casa he decidido transformarla. Dicen que la energía no se crea ni se
destruye, solo se transforma, entonces no podré deshacerme de ella y dado que
se ha hospedado siempre dentro de mí, seria cruel desalojarla. Por eso la
convertiré en mi aliada, es poderosa así que canalizaré su poder en mi
beneficio.
Estimada Manchita, querida amiga,
miedo interno, angustia por lo que vendrá; te transformaré, ya que al fin y al
cabo solo puedo transformar lo que está dentro de mí.
Todo lo que nos ocurra está bien,
por más que parezca que está mal para los ojos de los demás, por lo tanto no te
pongas roja, no tiembles.
Cuando perciba que lo hagas, te
cambiaré de vestido, te vestiré de azul y así inundarás mi ser con el azul de
la tranquilidad, el azul de la paz, el azul de Dios.
Sé que te enseñé que cualquier
cosa era una amenaza para nosotras pero estaba equivocada, permíteme corregir
mi error. Todo estará bien.
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