jueves, 10 de agosto de 2017

Mi familia, Mis maestros

Vinimos en clan a la tierra.

Nos pusimos de acuerdo con otras almas para ser familia y enseñarnos entre nosotros a superar nuestras taras.

¡Vaya que yo elegí a los mejores!

Maestros espirituales con un PHD en todos los aspectos de la vida.

Alguna vez escuché a un conferencista espiritual decir:
“No se vayan hasta la India a buscar a un maestro espiritual. Tienen al mejor al lado de su cama, duerme con ustedes todas las noches”

Mi esposo, sí. Al que yo creía una mente inferior (cuanto ego de mi parte) es el maestro más importante. Me muestra mis sombras y también mis mayores luces.

Mis hermanas, esas son buenas, excelentes maestras encargadas de repetirme la lección con clases magistrales de realidad, pies sobre la tierra y burlas hacia mi cada cierto tiempo. Si en el plano espiritual, yo les dije que fueran así conmigo, pues fui bastante exigente.
No encuentro tanta resistencia como en ellas. Dicen que quien más te quiere te la pone más difícil para que aprendas, pues estas señoras me adoran.

Mi hijo mayor, siempre he dicho que se parece a mí físicamente. Si yo hubiera sido hombre hubiera querido ser él, tan noble y cariñoso, pero su lado oscuro es el mío, todo lo que no quiero ver en mí, él me lo muestra. Gracias hijo, cuando quiera pasar a mi siguiente lección, solo tengo que mirarte y encontraré la respuesta.

Mi hijo menor, 2 añitos de pura dulzura. Ahora sé que es el alma más elevada de la casa. Está más cerca de haber dejado “La Fuente”, me recuerda como vivir feliz solo por el hecho de existir.
A los niños hay que mirarlos con respeto, ellos saben, los adultos no sabemos.

Mi perro, cuando empecé este camino del despertar de la conciencia, él ha estado a mi lado, llegó como un compañero, a demostrarme que puedo ser querida solo por existir, a él no le importa que esté despeinada, gorda, no tenga trabajo, que no haya estudiado, no le importa nada, solo me quiere porque sí.

Mención honrosa para mis dos mejores amigas, la luna y el sol, el Yin y el Yang, el derecho y el revés. Tan distintas pero cada una es mi mitad, tengo de las dos. Si quieren clonarme solo las juntan y listo.


Todos ellos me acompañan en este viaje y aunque aún no lo recuerdan, ellos me eligieron para ser la que tocara la campana, la que encienda el despertador, la que toque estruendosamente las tapas de las ollas para que se despierten, por ahora aún me ven como loca, pero es un proceso, que levante la mano aquel que esté en este camino y no lo hayan llamado loco. 

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