Hoy leí por primera vez El
Principito. Fue lo mejor que hice en el día. Si lo hubiera leído de niña
hubiera pensado que era un libro para niños.
Mientras lo leía el corazón se me
estrujaba, yo conocía al Principito, ese niño era yo, era mi niña interior, la
reconocía en sus palabras, en sus preguntas, en sus sentimientos. Mi niña
siempre se ha preguntado cosas importantes que son invisibles a los ojos. Mi
niña saltaba de alegría por un día soleado, porque sus padres se daban un beso
o porque su perro le lamía la cara. Antes todo era tan excitante, todo era
motivo para saltar de alegría, aplaudir con gozo, reír a carcajadas.
Hace poco pude encontrar a mi
niña interna, esa niña que ha sido acallada por los adultos que me rodearon.
Estaba solita en una habitación de la casa de un familiar, será que la encontré
allí porque muchos de los paradigmas de mi vida tienen su origen en esa
familia.
La llamé para que venga a mi
casa, viviría conmigo. Me miró con desconfianza, no me conocía, nunca nadie le
había dicho que quería conversar con ella, ella siempre estaba sola, la veían
tan independiente sin necesidad de nada que nadie le preguntaba si realmente
quería algo.
Finalmente la convencí, con mucho
amor le dije que conocía sus pensamientos, que yo también los tenía y que
quería explicarle muchas cosas que no le habían explicado.
Converso con ella casi a diario,
ahora vive conmigo, sus pensamientos raros ahora son escuchados por mí, paso
tiempo con ella los fines de semana, juega con mi hijo pequeño. Nadie la obliga
a hacer cosas que no quiere, sino quiere tomar sopa, no toma, si no quiere ir
al colegio, no va, si no quiere saludar a alguien no saluda y no se siente
culpable por ello.
“Los adultos son personas bien
extrañas”
Esta frase que repite el
Principito me resuena tanto. Todos a mi alrededor son adultos, adultos que
están esperado el reconocimiento externo porque no son capaces de amarse a si
mismos solo por existir. Si no logran tal o cual cosa, no se sienten dignos de
ser queridos, se auto flagelan y terminan en depresión, enfermos o adictos al
trabajo.
Yo era un adulto, me importaba
tanto la aprobación de los demás que hacia lo que sea a costa de mi misma.
“Quiéreme, quiéreme porque yo no soy capaz de quererme”
El desprenderme de esta sentimiento
ha sido un proceso que me ha dolido, pero cuando lo he logrado he sentido la
mejor de las sensaciones. El miedo se pierde y ese es el mayor logro de mi
vida. Cuando pierdes el miedo nada de lo que pasa a tu alrededor tiene
importancia, todo se vuelve tan pequeño.
“Lo esencial es invisible a los
ojos”


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